lunes, 21 de septiembre de 2009

Arbol. Guau, Miau, y pio pio


De las Bandas que suenan por estos días por acá me gusta Arbol. Será porque logran una estética que alguna vez intenté desarrollar. Consiste en hacer canciones con letras y música sin pretenciones de sofisticación. Casi canciones infantiles. Recuerdo que un tema que hice en aquella época se llamaba “el monstruo del lago del parque Saavedra” y hablaba de una especie de bicho como el del lago Ness en Escocia, o nuestro Nahuelito. Un monstruo tímido en las aguas del lago mencionado.
Volviendo a Arbol, me gusta que las letras tengan sentido del humor como la de “Prejuicios” del disco Guau. Los temas conocidos son canciones poperas, pero cuando quieren sonar potentes, suenan. Me gusta que canten todos y que no se hagan los sex simbols.
En el disco mencionado hay una versión coral de “Ji Ji Ji” (el tema de los redondos) sólo voces.
En un canal de música en TV – donde cada vez pasan menos musica y más realitys- ví un video de la banda que estaba filmado en una especie de supermercado. Era una buena idea: hacían participar a la gente que cantaba con ellos. De modo que en la canción del video, además del tema de la banda, estaban grabadas las voces (desafinadas en general) de la gente que parecía reclutada entre los clientes ocasionales. Bah… a lo mejor eran extras. Pero no importa. El video es original ¿Qué más se le puede pedir a un video?.


Mariano

Payaso de las palabras

jueves, 10 de septiembre de 2009

Queridos Rollingas


No soy fanático de los Rolling Stones. Pero me resulta increíble que sean un grupo que con unos 45 años de historia sigan tocando y desplegando tanta energía en los escenarios. Son la excepción a la regla de que el rock es una cosa de pendejos; y que una banda deba dejar de tocar cuando sus miembros cumplen los treinta.
No conozco todos los discos de los Stones, pero de los que escuché, el que más me gusta es Sticky Fingers. Tiene temas buenísimos, muchos de los cuales son clásicos de la banda como White Horses o Bitch (quizás éste último sea mi preferido).
Mi historia con ese disco se debe remontar a mi infancia, porque mi viejo tenía el Long Play. Ese que venía con bragueta con cierre relámpago en la tapa. Diseño de Andy Wharrol. A lo mejor yo tenía un año y me ponían Brown Sugar a todo volumen y yo saltaría en el corralito. De manera que puede haber una parte rollinga en mí que no desarrollé.

Al respecto, debo comentar que me cae simpática la subcultura de los "rollingas". Son gente que adopta una identidad fuerte a partir de bandas de rock . Identidad que es menos responsable de actos violentos que la que surge de equipos de futbol, por ejemplo.
Es gracioso ver a pibes y pibas de menos de veinte que idolatran a los Rolling (tipos que podrían ser sus abuelos) Con sus flequillitos, remeras negras, tomando cerveza,llendo a recitales, un poco rebeldes, etc. Son simpáticos. Encuentran en las bandas del palo una fuente de sentido.
El rock produce identidad. No se si esto es bueno o malo. Lo que sé es que hay identidades que provocan consecuencias mucho más jodidas.


Mariano

Clown de las palabras

sábado, 15 de agosto de 2009

Frank Zappa. El payaso genial



Si tuviera que elegir el artista de rock con la actitud más inteligente, la mejor onda, la mejor personalidad de la historia del genero, sin dudas escogería a Frank Zappa. El tipo no solo hizo una música impresionante, compleja y de buen gusto. No solo fue un pionero de la musica progresiva. No solo tocaba muy bien la guitarra. Lo que me interesa resaltar aquí es su actitud. Solo basta mirar su rostro. Tenía un sentido de la ironía notable. Se burlaba de lo que quería con una efectividad asombrosa. En sus letras arremetía con sorna y acidez contra todo lo que quería denostar o poner en ridículo. Esa capacidad es poderosamente anti-hipócritas. Se enfrentaba al poder ; tal vez por eso lo prohibían en muchas radios norteamericanas. Alguna vez dijo que “le estaba vendiendo música a los norteamericanos, que por lo general odian la música y aman el entretenimiento” Los discos de Zappa no suelen hacer concesiones al gusto vulgar. Tienen una complejidad casi exclusiva para entendidos.
El tipo podía titular un tema “Jesus thinks you´re a jerk”. Podía citar a Reagan “Facts are stupid things” a lo mejor para pintarlo como un confeso mentiroso, o para señalar la curiosa implicancia ontológica de la frase.
No era un virtuoso cantando. Pero el manejo de su voz era perfectamente adecuado para ese humor corrosivo y osado.
Escucharlo siguiendo las letras es experimentar una obra inteligente. Solo una mente inteligente puede sostener esa personalidad, ese humor genial.


Mariano

Clown de las palabras

jueves, 13 de agosto de 2009

Sting 1era parte





Muchos que rondan los treinticinco (o más) años de edad, recuerdan la musica de la década de los ochenta con melancolía. Creen que el rock de aquel momento estaba buenísimo y se emocionan cuando escuchan un tema de Lionel Ritchie (ponele). Yo no digo que no haya habido cosas buenas en esos tiempos. Pero me da la impresión de que esa valoración de aquella música obedece a que nos acompaño en los años de juventud. La juventud siempre se añora y se sobrevalora.
A mi me gustan pocas cosas de esa época. Me parece que aquellas bandas estaban demasiado preocupadas por el marketing y las reglas que les impuso el nacimiento de MTV. Lo que no me parece mal, siempre que a las concesiones comerciales las acompañen fines netamente artísticos.
No me gustaba el sonido ochentoso, lleno de baterías electrónicas, exceso de teclados, cantantes-modelos, etc.
Pero por supuesto hubo excepciones en esos años. Músicos que, pese a estar obligados a adaptarse al circo mediático, se preocupaban por hacer buena música. Señalaré a uno que para mí es ejemplar en este sentido: Sting. Tanto la última etapa con The Police (la banda se separó en su apogeo), como su carrera solista.
Como solista, Sting, que podría haberse dedicado solo a llenarnos de hits, se reunió con músicos de jazz de primer nivel (varios habían tocado con Miles Davis, nada menos). El ex –líder de The police se esforzó por hacer una música rica, compleja, ambiciosa, que , no obstante, no resulta para nada aburrida. Había mucho de jazz en lo que hacía, pero como el mismo dijo “en el jazz, los musicos cuentan con muchos coros para hacer solos y pueden tomarse su tiempo. En el rock, en cambio tenés que arder desde el primer instante”
Sting ha sabido mantenerse vigente por que es un buen músico. No es solo un sex simbol que le vende fantasías a las cuarentonas con melodías y letras vulgares (“Señora de las cuatro décadas” ejem). Su música tiene muchas sutilezas y riqueza. Además sus letras son inteligentes “I cant make up the fire, the way that she could. I spend all my days, in the search for dry wood” (canta alguien abandonado en un tema de “Mercuri Falling”que es un disco de los 90, aclaro)

En los ochenta se comprometió con Amnesty International y muchas de sus letras tenían contenido político, pero sin caer en panfletos. La política, fuente inagotable de sentidos y emociones, puede ser convertida en belleza en manos de un buen artista.

Hay cosas de Sting que solo los músicos pueden valorar. Especialmente la capacidad de cantar fantásticamente a la vez que toca complejas bases con el bajo. Se llama “capacidad de disociación”, si mal no recuerdo. Es una cosa difícil, hay que ser buen músico para hacerlo.
A mi me gustan casi todos sus discos. Si alguien tuviera que empezar a escucharlo, el disco “Ten Summoners Tales” no está mal.

En la historia del rock hay artistas que resaltan. Que son imposibles de pasar por alto o ignorar. Lamentablemente muchos de ellos han muerto. Los muertos ganan respeto.
El prestigio y el éxito de Sting es admirable en este sentido, porque es un tipo que se los gana viviendo y dando ganas de vivir a los que lo seguimos. “Be yourself, no matter what they said”.

Mariano
Clown de las Palabras

lunes, 10 de agosto de 2009

Otro Veloso pero de perfil bajo. Desde Brasil.




Anoche fui a ver a la banda brasilera que tiene como uno de sus integrantes al hijo de Caetano.
Cabe aclarar que Moreno Veloso es uno más en la banda. Porque si hay algo que caracteriza este grupo es una especie de democracia de protagonismos. Casi todos cantan canciones y se turnan para hacerlo. Ninguno es “la estrella” del show. Me gustó eso.
Tocaron como tres horas seguidas y desplegaron todo tipo de ritmos, estilos, sonoridades. Por momentos era rock, por momentos samba, un bolero, un despliegue de percusión, recursos de música electrónica, funk, etc.
Son talentosos y originales. Son muy buenos los arreglos. Me sorprendió como, habiendo tres guitarristas, cada uno hacía una tarea distinta y en armonía con los demás. Se escuchaban claritas las tres violas, austeras, sin virtuosismos innecesarios.
La actitud de los integrantes es de perfil bajo, sentido del humor y alegría.
Como pocas bandas, lograban diferentes “climas”, como Santana en sus comienzos, pero casi sin solos de guitarra. Sonaban muy ajustados.
Algunas composiciones eran armónicamente complejas y bellas. Otras tenían menos acordes para resaltar el papel de la percusión (en materia de percusión, los brazucas están muy curtidos. No es un mito, los tipos se crían entre tambores o usan cualquier cosa para hacer ritmos. Una vez vi un brasileñito haciendo sonar una cajita de fósforos como un pandeiro)


Mariano

Clown de las palabras


Pd: la canción posteada me gustó. Yo no había escuchado nada de la banda antes de ir a verlos. Fui en reemplazo de alguien que se bajó a ultima hora.

jueves, 30 de julio de 2009

Los fundamentos ingenuos del rock (ficción)





Las fantasías de un roquero independiente en los 90´

"Había conseguido músicos para echar a andar el proyecto del trío. Había conseguido un instrumento que me resultaba apropiado para el tipo de rock que quería hacer. En aquellos días un gran entusiasmo se apoderó de mí. Componía temas, planeaba estrategias de promoción de la banda, me quedaba hasta tarde tocando el bajo.
Mi vida se desordenó un poco. Llegaba tarde y mal dormido a la zapatería, donde cometía errores como confundir los talles o modelos de zapatos que me pedían las clientas. Mi jefe llegó a llamarme la atención. En esa época no hacían falta muchas reprimendas. La amenaza de quedar sin trabajo era suficiente para disciplinar a los que teníamos el privilegio de tener uno.
La inminencia de hacer realidad mi sueño roquero desencadenaba cavilaciones y fantasías. En sus comienzos, fantaseaba con tener éxito: alcanzar fama, lograr que mucho público nos siguiera, grabar discos, llevar nuestras canciones a las radios, etc. Pero poco a poco mis pies fueron bajando a la tierra. Me resultaban indignas las concesiones al circo mediático, a la frivolidad farandulesca, que hacían las bandas para mantener la popularidad. Salvo exepciones contadas con los dedos de una mano, los roqueros terminaban actuando como vedettes. Aún aquellos con discurso rebelde dependían de las reglas que las vidrieras mediáticas imponían.
Yo no quería eso para mí. El star sistem argentino me parecía una berretada: era “La grasa de las capitales” de Seru Giran en su momento; “La Bestia Pop” de que hablaba Solari. Los valores que yo le atribuía al rock autentico me resultaban contradictorios con la maquinaria comercial que se montaba alrededor de las bandas exitosas. Bandas que debían incurrir en lugares comunes y concesiones a los gustos más masivos (por lo tanto más vulgares). Yo tenía un orgullo extremadamente exigente e idealista. Acaso ingenuo e inmaduro, visto desde ahora. La meta no estaba en la fama, de eso estaba convencido.
De manera que tuve que encontrar un fundamento alternativo ¿Qué sentido tenía hacer rock?
La mayoría de la gente hace las cosas porque sí, porque es lo debido, o es lo que le tocó, o porque es lo que le gusta, por tradición, etc. Hay unas pocas criaturas enfermizas que precisan determinar un fundamento para todo. Yo padezco ese mal que me lleva a largas cavilaciones obsesivas y estériles.
¿Qué sentido tenía hacer rock? En vez de contestarme “Porque se me canta”, con obsesión fui hurgando en mi interior en busca de una respuesta y fui estableciendo los cimientos sobre los que mi banda pudiera edificarse. Ya no se trataba de ganar los brillos de la popularidad. Ahora formar una banda era una manera de expresar, de sacar al exterior el producto del deseo de crear. Hacer rock era actuar dentro de un género popular que estaba a mi alcance, que no exigía necesariamente un elevado virtuosismo, que combinaba letras y música, que tenía un efecto exorcisante; era una manifestación de la vida que se me antojaba cercana a la libertad. Pero además yo había elegido hacer un tipo de música que esquivaba los condicionamientos de la moda, que tenía sus referencias en el pasado. Se trataba de alguna manera de convertirse en herederos y honrar a los pioneros; volverse parte de un linaje; de retomar los códigos de aquellas cosas bellas que las bandas de fines de los sesenta y principios de los setenta habían creado, no solo en la cuna angloparlante del género, también en la rica historia roquera de nuestro país. En definitiva, había dos elementos. Un ingrediente era el deseo de crear y el otro una forma de honrar el pasado, la historia del género. Esto último no se trataba de una caprichosa actitud nostálgica. Encontraba una genuina experimentación estética, una riqueza expresiva en las bandas de la época referida que no era frecuente ver en las bandas del momento, más fieles al marketing y a las reglas televisivas que a la honesta creatividad."

Mariano
Clown de las palabras

PD: No se porqué recordé el título del primer disco solista de Solari: "El tesoro de los inocentes". Quizás porque el personaje de la narración pretende una coerencia y una honesta autenticidad acorde con la inocencia de los públicos del rock que esperan algo genuino de las bandas que siguen. Esos "santos en remera" de los que habla Mollo. Esos pibes de barrios humildes; que laburan de cualquier cosa y así van juntando para la entrada del recital. Los pibes y pibas de jeans y zapatillas baratas, con piercings y tatuajes; de cervezas en esquinas; jovenes que creen en el rock, que les regala una fiesta y una identidad; que no creen ni en los políticos ni en los profesores ni en los curas; jovenes que son antihipócritas por naturaleza y creen que en las letras y la actitud roquera hay una nobleza y una verdad sincera que puede ser descifrada. Por eso interpretan las letras, hacen circular los mitos y así tejen ideas y destilan el universo roquero extrayendo un sentido.

Organización Independiente. Fantasía roquera (ficción)



Este es un pedazo de narración donde se retrata alguien que quiere hacer rock "autentico" en los noventa.

"Con la banda casi lista para tocar, tomé la iniciativa de organizar el primer recital. Inspirado por el ideal de actuar en forma independiente, elegí un club de barrio cuyo presidente era conocido mío, y me dispuse a preparar el evento en ese ámbito. Buscaba una manera de esquivar las condiciones que los pubs solían imponer a las bandas. Condiciones económicas y limitaciones estéticas. Era algo que me habían contado algunos músicos con experiencia que yo conocía. Los dueños de los bares, aprovechándose de la vocación de los músicos por presentarse en vivo y la existencia de muchas bandas, solían quedarse con casi toda la ganancia que generaban los shows, dejando sobre las espaldas de los músicos los costos, como los gastos en fletes y lo que se gastaba en sonido. Pero además, a menos que tuvieras una banda muy popular o prestigiosa, las fechas que te ofrecían para tocar en sus escenarios eran días nefastos, como cuando la mañana después del show era día laborable o fechas a fin de mes, cuando nadie tenía un mango, lo cual afectaba negativamente sobre la convocatoria de público. Pero no era un problema de guita. La idea de actuar independientemente implicaba libertad artística: se podía montar una escenografía si queríamos, tocar el tiempo que quisiéramos, no nos veríamos obligados a amoldarnos a los gustos de audiencias vulgares ( y tocar hits, por ejemplo). Yo había acuñado una serie de ideales al respecto. La independencia organizativa, creía yo, consistía en crear las condiciones de la libertad expresiva. Estas convicciones provenían de diversas fuentes: la impronta de los Redondos me había influido, mis fantasías pseudo-contraculturales, la ambición de máxima libertad artística, etc, etc. Toda una urdimbre de ideas honestas y orgullosas. Ideas con las que no logré persuadir a mis compañeros; a quienes les resultaba indiferente todo eso y se desentendieron de la organización.
Yo estaba convencido ciegamente del camino que debíamos tomar y, con irracional entusiasmo, decidí encargarme de todos los detalles del evento, desde el sonido hasta la participación de otros artistas. Casi todo yo solo. Una locura .Cargar sobre mis hombros toda la responsabilidad de la organización independiente era un esfuerzo voluntarista e ingenuo destinado al fracaso. Pero ¿para qué es uno joven sino para hacer esfuerzos voluntaristas e ingenuos destinados al fracaso?"